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martes, 6 de mayo de 2008

18 de Mayo II

Lo poco que ha podido quedar del naufragio y extrañar las siluetas de ciertas noches en que el alcohol hace mella en el torrente sanguineo y se imagina que no se está solo frente a la copa, que no se esta viendo doble, que el vaso no es uno, que la botella no está menguada y que las voces no son las que tiene el wmp, sino que existen a si sea en un lugar corrupto de la memoria...

Me deshago en cuentos; soy letras, letras que no existen y no quieren ser dibujadas; soy ciertos momentos que desaparecen a conveniencia del espectador, mas no del autor que cuando trata de desaparecer se hace mas visible; soy un minúsculo cordel que se desentierra de la arena y no sabe a que se ata... Y si lo tiras... Y si lo dejas... Y si lo quemas... Probablemente no sea de importancia ya, seguir el rastro de las horas que no vendrán.

Pd: Es un 18 de mayo; Para hilda siempre será un 18 de mayo previo a otro y a otro; no podrá salir ya del cíclico vaho de ese numero cabalístico, y cuando el día de mañana llegue, empezará de nuevo, el mismo día, la misma dialéctica, el mismo sabor, siempre será 18 y lo verá y no podrá creer, que se ha detenido el tiempo...

jueves, 24 de abril de 2008

Mitología de Alicia...

Con un cigarrillo;
en la mano derecha...
se ve la foto recurrente del hastío y cierta preguntadera demente en los bolsillos del pantalón inexistente...

El tecleo no cesa...
Junto con el rítmico andar de los dedos sobre la mesa...
Se preguntó, como en muchas ocasiones anteriores... si debía volver a escribir...
Bueno, que más da; solía decir con un tono dubitativo en la voz interior que parecía que escuchara toda la congregación del transmilenio, mientras entre sus manos continuaba alargando unas tonadas de un cd desgastado en el panel de control de aquel reproductor que no le pertenecía, pero que le era tan caro y tan familiar...

Ahora se hallaba perdida...
Ni un alma en la ciudad, junto con las voces de ese anonimato presente e inclemente en el que le tocaba rodar día tras día.
Estaba segura de haber reconocido uno de aquellos rostros en los que se mitificaba el destierro... Ese destierro meditado al que se había sometido. Ya no podía entrar al laberinto; no podía encontrar a Teseo; a Alicia se le había olvidado darle el cordel...
Realmente Alicia (que en otros países era conocida como Anne Lee) recordaba con temor la voz de Teseo, con temor ya que por ratos olvidaba a que sonaba; el ruido de los carros y el smog... La banda sonora recurrente del automóvil rojo en el que se desplazaba todos los días desde años atrás, hacia el centro; habían opacado ese sonido... ¿Ogme, podría haber perdido su encanto, su conjuro?
Cuando no se escucha más, que aquellos demonios internos que roen y vomitan pequeñas partes alternas del cuerpo, se puede pensar que la inminente sordera; la imposición de los decibeles han llegado a hacer mella en el tímpano (en los tímpanos) amoldados a un par de audífonos prestados de una vecina cercana...

sábado, 12 de abril de 2008

5 Minutos...

Estoy... Probablemente empiece un nuevo día sin aliento... la esfera; el recuerdo; camino por la esfera maravillada de su perfección y me hastío, vuelvo al inicio y al final, recorro el espacio y siempre es el mismo sin importar hacia a donde logre torcer la mirada...
Estoy; no recuerdo nada ya, los prontuarios de días inexistentes en los que lograba echarme la soga al cuello han dejado sus marcas llenas de una fina mixtura de fíque y carne dispuesta para digerir en el banquete de media noche, aun cuando las campanadas no sean audibles para todos, retumbaran en una noche oscura a la mano de algún probable despiadado; se vive, porque no hay hacia donde correr...
Estoy; me levanto en las mañanas y proceso el mismo formato de verificación; en la ventana unos cuantos personajes de la historia ciudadana, resguardada yo desde allí observo y me imagino que soy un pequeño dios enjaulado, sin expectativas y sin momentos de insurrección, divagando como Teseo en otro laberinto sin el cordel de Ariadna en el mantel...
Estoy, simplemente, me atraganto con un café, cargado, oscuro; como mis ojos que han quedado sin luz y encuentro en su sabor amargo, los vestigios de unas líneas que había empezado en el papel sólo que ya no recuerdo el remitente ni la ocasión en las que se habían creado; sólo fragmentos de un intento por mantener la cordura, un tiempo más y recordar tal vez, que en algún momento respiraba de aquel ungüento en el que se podían mezclar el humo y el alcohol, sin obtener confesiones substanciales, solo desencuentros disfrazados de soledad.