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viernes, 13 de febrero de 2009

Sin Voz

Sin voz ni paciencia para andar por las calles de Bogotá; medio dormida o sin dormir durante una semana ayudando en la edición de un documental y de guía en el archivo de Bogotá (después de la calle sexta donde dicen que Bogotá deja de existir) del 40 salón nacional de artistas (que farsa).

Cuando se duerme mucho uno suele pensar unas pocas veces que se pierde el tiempo, dejando pasar las horas por encima de un cuerpo de veinti tantos que se esfuman...

Sin embargo mientras doy unos ciertos pasos apresurados por la carrera sexta, pensando... ¡hijueputa voy tarde!, voy a llegar tarde al trabajo... Ciertas caras salen de las universidades hablando mierda de aquella de la que se podía hablar mientras no habían más que libros y esperanzas, me dan ganas de enloquecer y mostrarles mi billetera, mi prontuario artístico y decirles "¡están tan equivocados!" y salir con una sonrisa sarcástica habiendo roto unos cuantos pares de lentes rosa...

Pero sigo caminando con presteza y veo que la profe que me separó la guía unos días atrás está afuera del archivo con los adorables niños de sexto, me disculpo por la tardanza y entro con ellos...

Hablo cosas que no tienen sentido como las practicas mismas del arte... Y los llevo por un viaje que a algunos suele aburrirlos hasta la médula sólo unas tres caras interesadas y unos niños que me veían las tetas a través de mi escote (a mi favor tengo para decir que no me había dado cuenta).

Algunos me dicen que tengo una voz hermosa me dan las gracias y llegan más grupos... más y más, tumban obras y se cagan de la risa... bueno que mas da...

Salgo a un intermedio a fumarme un cigarrillo y me doy cuenta que me robaron el celular en transmilenio por andar dormida haciendo el documental... mierda...

No me pude fumar el cigarrillo igual llegó más gente y la misma retahíla...

Siento que las palabras son las mismas y no hay nada que hacer mas que dejarse caer...

Sigo pensando que haré la diferencia pero sigo perdida.

Doy una guía tras otra por 350.000 pesos que no se cuando me van a llegar...

Quisiera simplemente como lo he hecho durante dos días volver a dormir y ya....

martes, 3 de junio de 2008

Espiando el Vacío

Espiando el vacío, en aquel horizonte lleno de neblina...
se encuentra el indicio de un día de lluvia lejano como todos ausente como los demás...
no se recuerdan lo vínculos al desierto, viviendo en un olvido que lo premedita todo.

Yo simplemente me dejo llevar, por unas hojas que han quedado escondidas en el entierro de metal.

Frío de metal, frío como su silencio. Qué frío hace en Bogotá ahora.

Hay una cuenta regresiva, y aun siento miedo, miedo de los días que se ahogan en frente de la muerte.
Ya no encuentro como sentir... Me desmayo quizás, intentando quedar en ese momento, pero como le hacemos, ya ni los intentos alcanzan para la cuota necesaria no hay nada en los bolsillos y el ultimo cigarrillo y nos vamos...

Lentamente se pierde, como siempre, y simplemente espío el movimiento de los murciélagos, arriba y abajo. como demonios reiterativos.
El boyerista se asoma sólo un poco, encuentra una señal en la ventana y prefiere ocultar el control y cambiar el canal a uno cultural, para que no se sospeche de su soledad meditada; sólo por el cerrojo; sólo por la ventana cerrada, se encuentra sentado, quizás con unos audífonos callando el instante... no más sonido... no mas demonios en la puerta; mañana se irá con unos cuantos papeles a buscar trabajo, a trabar fortuna con su desasosiego, a conocer un apartamento en el que vivirá dentro de seis meses, le estampará su firma y será suyo... un cambio de ventana sería genial, aunque siempre tengan el imprudente vidrio...

Salgo a caminar... como una más y sigo las huellas que se quedan en el pavimento, miro nuevamente hacia los lados para cruzar.
Muchas veces, aun me pregunto que hago aquí. Y ya no encuentro más cartas bajo la manga, y nuevamente callo mi mente y me pongo a divagar...

¿Hacia donde van los pensamientos cuando les pongo la mano para que no griten mas?
¿Hacia donde van estos estados que se dejan de caminar?
¿Hacia donde se van las letras que no he vuelto a utilizar?

lunes, 12 de mayo de 2008

Es una noche de invierno tácito en la ciudad de Bogotá

En algún lugar ando perdida, en las medias de unos zapatos bajo la cama, en el recuerdo atragantado de algún mercenario con conciencia, recuerdo algunos día en que cíclicamente me dejaba caer en una esquina a tomar café, fumando; siempre con unos audífonos en mis oídos aislando el mundo;¿para qué estar en el?

Recuerdo muy bien, tal vez, un rostro que se configuró de mis sueños, de mis impertinentes y constantes intromisiones en el mundo onírico, recuerdo los demonios etílicos y los complementos de media noche donde en un cajón se guarda el mundo entero del personaje que por omisión desaparece casi siempre por que en realidad no ha existido; encuentro que siempre me pierdo; en mundanas bacanales, vino como sangre regándose por mi boca hastiada de las distancias y las mínimas acciones de vida... Hilillos finos de cemento y de malas temporadas en el infierno; poetas malditos que me incluyen en su momentos de autismo y mutismo terrenal.


Quisiera seguir siempre con mis audífonos en los oídos, dejándome seducir por las palabras de aquellos que no saben que significa aquel rincón pero uno quiere creer que si; que están ahí... abrazando esos pocos silencios que son apagados por unos cuantos decibeles más...

El delicioso olor del café en la madrugada; en el invierno y la llovizna de la ciudad que ataca el desmejorado cuerpo que lame los despojos del cemento. Unos cuantos barrenderos a las 4:30 de la mañana mirando el polvo y huyendo de la tragedias de las putas que se despintan el cuerpo quitando la máscara pero no las huellas, no el olor de la noche o el dolor de las entrañas que sujetan para no sentir que desaparecen de hambre y de frío y no hay un sólo "peso"; no hay monedas ya con las cuales comprar el último cigarrillo, el último trago de la faena y olvidar allí el día, la noche, la existencia.

Es una noche de invierno tácito en la ciudad de Bogotá
probablemente haya una estación geográfica y unas coordenadas precisas...
¿Hacía dónde va?

Simplemente se camina hacia una dirección en la que no se está muy seguro de actuar...
El libreto siempre es improvisado, lo sé, los años me han dado un buen manjar de solicitudes al respecto, y que, vuelvo al teclado y vuelvo a la misma pantalla de otro color y otra textura y otro sabor amargo en la boca para darme cuenta,
cobardemente;
HE MUERTO.

lunes, 24 de marzo de 2008

Así no sepa hacia donde ir, ni porque lo hace

Es difícil enfrentar este espacio, en el que no se sabe muy bien hacia donde dirigir la mirada... Recuerdo un tiempo lejano ya, en el que los días eran más fáciles de digerir bajo el influjo de un veneno extraño que vendían en la licorera de la esquina y en el que trastabillando por las escaleras de madera podíamos aún alcanzar la puerta para seguirnos dando una muerte lenta...
Ahora por gracia o desgracia los días se borran del prontuario de la memoria... la neblina se hace más espesa... mas espesa y profunda de lo que la nariz puede aguantar y se siente como si se respirara bajo la superficie del agua del mar...
No encuentro la manera de dirigirme hacia usted... los días se han hecho más misteriosos que en las escrituras apócrifas del catolicismo, al cual se le busca una respuesta a lo que sólo se puede aceptar con un salto de fe profundo y absurdo a la vez, aunque no carece de sentido ni de finalidad...
Sola frente a esta pantalla... como siempre... como ahora... empiezo a pensar que los días en Bogotá fueron tan sólo un sueño largo del cual empiezo a despertar por pedazos... en los cuales divagué y creé personajes parecidos a usted que me dieron refugio cuando más necesitaba el espacio alterno de una vida en proceso... mucha televisión... presa del zapping audiovisual y musical, parecido al pasado que no se quiere dejar escapar... sólo fragmentos de olores y sabores y sensaciones carnales desconocidas para un autor que se esconde entre las líneas...
Prometí no desaparecer... tal vez mi terquedad no me lleve a ningún lugar conocido... pero ya no quiero estar en este mundo que carcome mi estomago con cada infierno... más potente que el anterior... infiernos hechos de palabras y actos que nunca he llevado a acabo, la prostitución por el dinero que no tengo, y las manos hediendo la podredumbre de esa particular herrumbre que queda en la boca cuando se sabe que se ha vendido el alma... al mejor postor... a algún demente de oratoria vacua que paga por la diversión del bufón de turno, y la lágrima en el rostro no es ya dibujada con crema barata, es simplemente una reacción corporal desconocida ya cuando lo sagrado se pierde... cuando la mística creación no alcanza para comprar una libra de arroz en el mercado para saciar las funciones fisiológicas de un cuerpo que se pudre día con día...
No puedo vaticinar eventos fuera de mi alcance... estoy en la cárcel, en el destierro y en un anonimato que me sienta mejor que la ropa que llevo puesta... al final desaparecer aun viendo el reflejo del interrogante absurdo que se delinea en mi rostro cuando todo lo que veo es una bonita mentira frente al espejo destemplado y lleno de una luz absurda que ya no puedo aguantar...
que es lo que hay aquí... el desconcierto y el no sentirse de ningún lugar no sólo lo da la translación perpetua de posibilidades y de lugares geográficos... lo que más corrompe es este estatismo en el que se cae, cuando las manos se congelan frente a las inquirencias básicas, pragmáticas y fundamentales de algún habitante de este mundo que sólo busca que la hormiga obrera ande sin para, así no sepa hacía donde ir ni por qué lo hace...
Que es inminente... la falacia ha terminado... el teatro ha quedado vacío... ya nadie asiste al espectáculo... que puede hacer el bufón cuando ya nadie se ríe de sus despropósitos...
Suerte...
La usurpadora de identidades...